En torno a la responsabilidad civil del cirujano estético

 

Aurelia María Romero Coloma. Abogada

 

 

 

SUMARIO

 

I.            Introducción al tema

II.           Particularidades de la cirugía estética y reparadora

III.          La responsabilidad civil del cirujano estético

 

 

                                                                                                  I.      INTRODUCCIÓN AL TEMA

 

Dentro de las especialidades de la Medicina, ocupa, sin lugar a dudas, en la actualidad un papel relevante la Cirugía Estética y Reparadora. A ella voy a referirme seguidamente y, en concreto, voy a analizar una Sentencia del Tribunal Supremo, dictada el 28 de junio de 1997 con ocasión de su práctica. Pero, antes de entrar en el tema, he de efectuar algunas consideraciones en el punto referente a las particularidades que reviste esta especialidad médica, para pasar, más tarde, al estudio de la responsabilidad jurídico-civil del Cirujano Estético en España y referirlo, ya específicamente, a la Sentencia citada con anterioridad.

 

 

                II.      PARTICULARIDADES DE LA CIRUGÍA ESTÉTICA Y REPARADORA

 

 

La Cirugía Estética fue, en su desarrollo, ante todo reparadora, si bien, con la reparación, se mejorase la estética. Hace años, el ámbito de la Cirugía Estética abarcaba, sobre todo, los traumatismos que incluían deformaciones, con la consiguente fealdad, así como asimetrías. Huelga decir que este ámbito se ha hecho, hoy en día, mucho más amplio, interviniendo en el mismo aspectos diferentes, siendo el psíquico uno de los más importantes.

 

La Cirugía Reparadora inició su andadura tras la Segunda Guerra Mundial, debido, fundamentalmente, a los problemas que causaron las secuelas de la utilización de armas de todo tipo, que produjeron, obviamente, innumerables lesiones, traumatismos y mutilaciones.

 

Como afirman Manuel GARCíA BLÁZQUEZ y Juan J. MOLINOS COBO1, la especialidad de Cirugía Plástica o Estética y Reparadora se sitúa en una línea divisoria entre la obligación de medios -que el Médico tiene- o de resultados. Efectivamente; el Médico no se obliga a lograr la curación, del enfermo, ni siquiera la mejoría y, en algunos casos, ni tan siquiera puede garantizar la eficacia terapéutica, sino a poner los medios para que el paciente se beneficie, de acuerdo con la lex artis, con los conocimientos actuales, con los medios adecuados de que disponga, así como con la cualificación que le otorga su formación. Sin embargo, en muchos casos de la Cirugía Estética, en especial la actual y en aquellos sujetos en los que solamente se pretende cambiar de imagen, es posible que pueda presuponerse que el Cirujano Estético ha de garantizar unos resultados, porque, de lo contrario, sería difícil que una persona sana se pusiera en sus manos. Por tanto, se rompe, en muchos casos, esa relación obligatoria de medios-obligación de resultados, si bien estos mismos autores se preguntan si es posible garantizar unos resultados, aunque sean estéticos meramente, trabajando sobre un terreno biológico que puede producir las más variadas sorpresas por las causas más empíricas y desconocidas a veces.

 

Ello nos lleva al controvertido tema de la responsabilidad civil de los Médicos y, ya en concreto, de los Cirujanos Estéticos, que abordo a continuación.

 

                             III.      LA RESPONSABILIDAD CIVIL DEL CIRUJANO ESTÉTICO

 

No cabe duda que el tema de la responsabilidad civil de los Médicos ha preocupado profundamente a los juristas. A la hora de delimitarla en nuestro Ordenamiento jurídico, nos encontramos, en primer lugar, con el sistema de la denominada responsabilidad objetiva, que lo que persigue es proyectar sobre el agente causante directo o indirecto de un evento dañoso o perjudicial las consecuencias económicas del daño, lesión o perjuicio, con absoluta independencia de la intencionalidad, diligencia o negligencia de su conducta, según puso de manifiesto con acierto FERNÁNDEZ MARTíN-GRANIZ02.

 

Como justificación del establecimiento de esta responsabilidad objetiva, se han argüido las siguientes causas, tal como, en otra ocasión, puse de relieve3.

 

a)   Que la investigación de la culpabilidad es siempre difícil;

b)   Que la seguridad y rapidez de la vida económica son esenciales en la vida moderna;

c)   Que quien pone en actuación un riesgo personal debe soportar las consecuencias dañosas de su funcionamiento, haya o no culpa por su parte.

 

En la actualidad, nadie cuestiona ya que el Médico, a consecuencia de su actuación profesional, está sometido a una responsabilidad, que puede ser de carácter civil o penal, pero, en cualquier caso, su quehacer es relevante en esta materia. De ahí que, a primera vista, choque el parecer que mantenía MARAÑÓN, cuando defendía a ultranza la irresponsabilidad del Médico 4, si bien hay que matizar que lo que el prestigioso profesional hacía, en realidad, era una alusión - quizás, un tanto velada - a la insuficiencia de preceptos científicos, manteniendo que «sólo excepcionalmente han sido justos los tribunales que han accedido a la petición de responsabilidad. Cuando, por el contrario, han desechado esta petición, han acertado siempre».

 

Para hacer dicha afirmación, MARAÑÓN partía del hecho - indubitable - de que la Medicina no es una Ciencia exacta y, en consecuencia, de las dificultades de aplicar la doctrina de la culpa o responsabilidad por imprudencia, que radica en el propio carácter de la Ciencia Médica, inexacta por definición. También se refirió el mismo autor a la diversidad de factores que colaboran o inciden en la enfermedad y en la curación, haciendo especial hincapié en los factores reaccionales de cada persona enferma, infinitamente variable, con la consiguiente imposibilidad de acomodar a normas preestablecidas o predeterminadas, por lo que el error o las posibilidades de error en el facultativo se podrían paliar, pero jamás eliminar del todo.

 

A estas consideraciones replicó acertadamente José A. RAMÍREZ, expresando que no convence a nadie el argumento de que la Medicina sea un arte conjetural y, por ello, no puedan exigírseles responsabilidades al Médico que, en el ejercicio de su profesión, erró en el diagnóstico o en el tratamiento, causando, con ello, gravísimos males y dolencias al paciente o incluso la muerte5.

 

Como afirma MARTÍNEZ-PEREDA RODRÍGUEZ 6, los argumentos de la irresponsabilidad no soportan la más ligera crítica y el que la Ciencia Médica no sea exacta en nada empece al cumplimiento de los precisos cuidados y atenciones, porque tampoco es exacta la Ciencia del Derecho y se exigen y se deben exigir responsabilidades al juez y al Abogado.

 

Aunque el Médico no está obligado a una producción de resultado favorable para el paciente -excepto en los supuestos, que en seguida veremos, de Cirugía Estética-, sí lo está a poner todos los medios a su alcance, entendidos éstos como todos aquellos que la Ciencia Médica tiene a su disposición, para lograr un resultado favorable. En este punto, la Sentencia de la Sala Primera del Tribunal Supremo de 22 de abril de 1997, con motivo de la demanda efectuada por un paciente en reclamación de indemnización de daños, que había sido estimada en ambas instancias, fue desestimada por el Supremo, declarando que «la idea que se mantiene es que la obligación no es la de obtener un resultado -en este supuesto, la salud del paciente-, sino la de prestar el servicio más adecuado en orden a la consecución de un resultado. El resultado siempre está presente en la obligación; en la de actividad, ésta es el objeto de la obligación; en la de resultado, su objeto es el resultado mismo. Ello implica dos consecuencias: la distribución del riesgo y el concepto del incumplimiento, total o parcial, siendo este último el llamado también cumplimiento defectuoso. El deudor de obligación de actividad ejecuta la prestación consistente en tal actitud y cumple cora su ejecución adecuada y correcta; el deudor de obligación de resultado ejecuta la prestación bajo su propio riesgo, ya que tan solo hay cumplimiento si se produce el resultado... En consecuencia, en la obligación de resultado, la no obtención de éste, que implica incumplimiento de obligación, hace presumir la culpa...»

 

Es evidente que al Cirujano ordinario no se le va a exigir una obligación de resultado. La cuestión polémica es si al Cirujano Estético se le puede o no exigir ésta. Como exponen GARCÍA BLÁZQUEZ y MOLINAS LOBO7, el Cirujano Estético queda ligado, como todo Médico, a la obligación de hacer, pero, en este caso concreto y a diferencia de otros facultativos, su obligación de hacer no es libre, o al menos totalmente libre, ya que queda condicionada por unas exigencias del paciente. El paciente de estética, indirectamente, está diciendo qué quiere y cómo lo quiere, lo que supone estar influyendo en un método o técnica que restringe, de algún modo, la libertad del profesional.

 

Para INTRONA8, en el contrato de prestación médica, el enfermo confía en el facultativo, quien se obliga a cuidarle personalmente, con derecho al abono de unos honorarios. El Médico no puede obligarse a curar, sino sólo a cuidar con conciencia y atención según los datos adquiridos de su Ciencia. Por ello, se ha dicho que el Médico no ofrece un resultado, sino un servicio, tal como se ha dejado constar anteriormente. Por tanto, no cabe exigirle al Médico, desde el punto de vista profesional, un resultado, pero sí que los servicios prestados sean los idóneos para producir aquél, acordes, en todo caso, con la lex artis.

 

Para GITRAMA9, la profesión médica es de cuidado del enfermo. La obligación del Médico se encuadraría, pues, en las denominadas obligaciones de medios, en las que el deudor no se obliga a realizar un concreto resultado, sino tan sólo a hacer posible su obtención.

 

Según LORENZETTI10, la explicación de por qué no se ha calificado la obligación médica como de resultado encuentra su fundamento en la idea de sobreproteger al profesional de las demandas de sus pacientes, surgiendo así la concepción aquiliana de la responsabilidad con el onus probandi al demandante. La doctrina española, casi de forma unánime, ha entendido que la obligación médica es de medios y no de resultados, pero en supuestos normales de intervención del profesional de la Medicina. El problema hay que centrarlo, por tanto, en la Cirugía Estética.

 

Según FERNÁNDEZ HIERRO11, es correcto distinguir, dentro del ámbito de la Cirugía Estética, la gravedad de la intervención, entendiendo que hay una responsabilidad en los resultados en aquellas operaciones graves que tengan una finalidad puramente estética, o descartando del concepto de obligación de resultado aquellas intervenciones que tratan de corregir imperfecciones físicas que ejercen importantes repercusiones psíquicas o que quieren evitar deformaciones horribles.

 

Cabe, por tanto, hablar de dos tipos de responsabilidades distintas en las que el Cirujano Estético puede incurrir. La más grave se extiende, lógicamente, al campo penal, con los delitos de homicidio, aborto y lesiones por imprudencia. Dentro del ámbito civil, puede responder bien con carácter contractual o con carácter extracontractual, por muerte y lesiones graves causadas por torpeza, descuido o negligencia. Hasta aquí, el ámbito de responsabilidad de la Cirugía Estética presenta las mismas características que el de la Cirugía General.

 

Pero existe otra responsabilidad o, más precisamente, una derivación característica de la responsabilidad del Cirujano Estético, y que es aquélla en la que va a recaer cuando no sólo no realizó la corrección estética prometida, sino, que dejó al paciente incluso en condiciones peores -desde el punto de vista estético- de las que ya estaba anteriormente.

 

¿Puede hablarse, en consecuencia, de una obligación de resultado para el Cirujano Estético? Desde mi punto de vista, sería sumamente riguroso exigirle al Cirujano Estético, siempre y en todos los supuestos, una obligación de resultado. Hay que pensar que no siempre se puede asegurar o garantizar al paciente un resultado favorable. Ello depende de múltiples factores, entre ellos la capacidad reactiva del propio enfermo, que constituye, sin duda, un factor que no se puede prever de antemano.

 

La doctrina española ha entendido que, en Cirugía Estética, no se trata de contratos de prestación de servicios por el facultativo, en que éste contraiga una obligación de medios tendente a la curación del paciente, sino de contrato de ejecución de obra, o, en otras palabras, obligación de resultado, con la particularidad de que la diligencia específica es la deducida de la lex artis ad hoc, no la general del buen padre de familia y queda excluida de este ámbito la responsabilidad objetiva, así como toda inversión de la carga de la prueba.

 

El problema hay que abordarlo teniendo en cuenta, muy especialmente, el deber de información que el Cirujano Estético tiene con respecto a su paciente. Efectivamente; como ya en otra ocasión puse de manifiesto`, el deber de informar al paciente es uno de los temas más controvertidos dentro del panorama, complejo y delicado, de la relación Médico-enfermo. Este deber de información comporta que el Médico ha de hacer saber al paciente los riesgos de toda intervención quirúrgica, así como la previsible trayectoria postoperatoria. La Ley General de Sanidad, de 25 de abril de 1986, en su artículo 10.6, exige, con carácter general, y de forma escrita, el consentimiento del paciente para cualquier intervención, salvo en determinadas circunstancias que no vienen al caso que estoy tratando. Este deber de información se agudiza notablemente en los supuestos de intervenciones quirúrgicas de Estética.

 

Si nos centramos ya en la Sentencia del Tribunal Supremo, de 28 de junio de 1997, se observa que, en efecto, el deber de información en estos supuestos es fundamental.

 

En el caso de autos, se contrató con un cirujano una operación de cirugía estética consistente en el estiramiento de la piel del rostro y eliminación de la papada -un lifting-. La intervención quirúrgica se desarrolló con normalidad, así como el despertar. Pero, a partir de ese momento, surgieron una serie de complicaciones postoperatorias que derivaron, por desgracia, en el fallecimiento del paciente.

 

Los hijos del fallecido demandaron solidariamente, en Primera Instancia, al Cirujano Plástico, al anestesista, al intensivista, al Jefe del Servicio de Reanimación y a la Congregación propietaria de la Clínica el pago de cuarenta millones de pesetas. La Sentencia desestimó la demanda.

 

Fue interpuesto recurso de apelación, estimando la Audiencia Provincial, parcialmente, la demanda con respecto al Cirujano, condenándole a indemnizar a los demandantes con quince millones de pesetas. Se desestimó la demanda con respecto a los demás demandados. Contra esta Sentencia de la Audiencia, consentida por los demandantes, el Cirujano interpuso recurso de casación. El Tribunal Supremo declaró no haber lugar al recurso.

 

Los hechos se reconducían a que el paciente había contratado los servicios del Cirujano Estético personalmente, pero no los del resto de los demandados, y, según observó el Tribunal Supremo, las partes encauzaron el proceso como un supuesto de culpa extracontractual, si bien en casación el recurrente basó su tesis en la culpa contractual. Por lo que respecta al Cirujano Estético, su actuación y posterior responsabilidad entra en el ámbito de la culpa contractual.

 

El Tribunal Supremo ha declarado, con reiteración, que, existiendo obligación derivada de contrato, no hay que acudir a los artículos 1.902 y 1.903 del Código Civil - que están referidos, precisamente, al marco de la responsabilidad extracontractual -, aplicables a las obligaciones que nacen de culpa o negligencia cuando no ha mediado pacto previo. No obstante, el mismo Tribunal ha estimado oportuna la demanda en casos como éste en el que al Cirujano se le puede pedir responsabilidad por incumplimiento de contrato, mientras que de los mismos hechos puede derivarse una responsabilidad extracontractual exigible a los demás sanitarios que, sin tener contrato alguno que les ligue al enfermo, puedan haber cooperado en los daños producidos. De unos mismos hechos, por tanto, pueden derivarse ambos tipos de responsabilidad, yuxtaponiéndose ambas.

 

Cabe distinguir, con más detenimiento, el ámbito de la responsabilidad contractual de la extracontractual. Cabe decir que la responsabilidad es contractual siempre que se cumplan dos requisitos: Que entre las partes exista un contrato o una relación contractual y que el daño sea debido a incumplimiento o defectuoso cumplimiento de las obligaciones derivadas del contrato.

 

Frente a ello, la responsabilidad extracontractual se caracteriza por la inexistencia de relación contractual entre las partes y por el hecho de que el daño deriva de la infracción de un deber general de conducta, dimanante del principio de «no hacer daño a nadie». Se la denomina también responsabilidad Aquiliana, ya que tuvo su origen en la Ley Aquilia.

 

Interesa destacar que la carga de la prueba en ambas responsabilidades es diferente. La infracción contractual se presume voluntaria y será el deudor el que tenga que probar el carácter fortuito. En cambio, en sede de responsabilidad extracontractual, es el actor o perjudicado quien tiene que probar la culpa del demandado. En algunos casos concretos, pueden confluir elementos o ingredientes característicos de ambas responsabilidades, encontrándonos con aspectos de una y otra. Tal como expuse en otra ocasión13, es frecuente que esto suceda en los supuestos de responsabilidad profesional, cuando, por impericia o negligencia, se causan daños.

 

Una cuestión importante a abordar, y así lo hace la Sentencia citada de 28 de junio de 1997, es si la relación paciente-cirujano, en las operaciones de Cirugía Estética concretamente, constituye un arrendamiento de servicios o de obra. Es reiterada la jurisprudencia del Supremo que considera como contrato de servicios el concluido entre Médico y paciente; sin embargo, el mismo Tribunal ha proclamado, en distintas ocasiones, que las operaciones de Cirugía Estética quedan encuadradas en el arrendamiento de obra, porque en ellas es prioritaria la obtención de un resultado, cual es la mejora estética del paciente.

 

 

El recurrente afirmaba que el contrato es de ejecución de obra «solamente a efectos de sustentar este motivo», a lo que el Tribunal Supremo respondió que «no sólo a los efectos de este motivo..., sino a todos los efectos, ha de reconocerse que el contrato que tiene por único objeto la realización de una operación de Cirugía Estética participa en gran medida de la naturaleza del arrendamiento de obra, como ya apuntó esta Sala en su vieja Sentencia de 21 de marzo de 1950 y ha vuelto a proclamarlo en la reciente de 25 de abril de 1994, habiendo declarado expresamente ésta última que en aquellos casos en los que la Medicina tiene un carácter meramente voluntario, es decir, en los que el interesado acude al Médico, no para la curación de una dolencia patológica, sino para el mejoramiento de un aspecto físico o estético..., el contrato, sin perder su carácter de arrendamiento de servicios, que impone al Médico una obligación de medios, se aproxima ya de manera notoria al arrendamiento de obra.

 

Se condena al cirujano por no haber observado las pautas profesionales debidas para el caso concreto - lex artis ad hoc - , a saber, el no haber informado al intensivista de la clase de operación realizada, de los antecedentes del enfermo (en operaciones anteriores había tenido problemas alérgicos y edematosos) que eran conocidos por el cirujano y, a la vista de los mismos, de las posibles complicaciones que pudieran surgir y que eran muy previsibles.

 

La diligencia exigible al cirujano al finalizar la operación incluye, desde luego, el informar al intensivista de la situación y circunstancias del paciente que dejaba a su cargo, pues los deberes profesionales y asistenciales de todo cirujano río quedan agotados o cumplidos plenamente (como equivocadamente suele entenderse) con la terminación de los actos integrantes de la intervención quirúrgica propiamente dicha, por muy correctamente que ésta haya sido realizada, sino que se entienden necesariamente también a tratar de solventar las posibles complicaciones que pueda presentar el intervenido en la fase del postoperatorio».

 

En el supuesto que estoy analizando, parece palmario que el Cirujano Estético no siguió, con prudencia y en función del estado del paciente, la evolución en el estado postoperatorio del mismo, por lo que incurrió en responsabilidad civil. Hay que tener en cuenta que los descuidos postoperatorios en este tipo de intervenciones suelen darse con bastante frecuencia. Debería ponerse especial énfasis en el deber de información que el Cirujano Estético tiene con respecto a su paciente, haciéndole partícipe de todos los riesgos, incluidos, naturalmente, los postoperatorios. Este dato es fundamental a la hora de incurrir o no en responsabilidad civil. Como expresa Lourdes TEJEDOR MUÑOZ14, un supuesto análogo es el contemplado en la Sentencia del Tribunal Supremo de 7 de junio de 1988, en la que existió responsabilidad médica por descuido postoperatorio. El supuesto contemplado fue, en líneas esenciales, el mismo al descrito con anterioridad: El Médico no comunicó al anestesista las especiales características del paciente que suponían un riesgo añadido al de la operación y que hacían aconsejable un mayor cuidado del recién operado, especialmente mientras duraran los efectos de la anestesia. El enfermo murió y se le exigió responsabilidad al Médico, porque, al no informar al anestesista, descuidó el postoperatorio por su falta de previsión.

 

No se sabe qué hubiera ocurrido si el intensivista hubiera conocido la situación del paciente en el momento de surgir subitamente la complicación postoperatoria, si hubiera podido solventar una situación crítica.

 

En todo caso, no procede atribuir el fatal desenlace a la falta de información. Pero, según el Tribunal Supremo, lo que sí resulta exigible es que al paciente se le proporcionen todos los cuidados posibles que el estado de la Ciencia pueda aconsejar para cada supuesto.

 

El acento se pone, por tanto, en el deber de información que el Médico tiene en relación con su paciente y, de otro lado, en ese mismo deber concretado en el Cirujano Estético y con respecto a los demás facultativos sanitarios que hayan de atender a aquél. Para LLAMAS POMBO15, sólo si existe consentimiento, si hay absoluta información. Este hecho es esencial en la relación Médico-Paciente. Pero hay que hacer hincapié en que también es fundamental con respecto al Cirujano Estético y el resto del personal sanitario que deba atender al intervenido quirurgicamente, como, efectivamente, lo son el anestesista y el intensivista.

 

Muy interesante es, a este respecto, la Sentencia que he estado analizando. El supuesto se recondujo a que los hermanos García Alamán demandaron a un Médico Cirujano, a un anestesista, a dos Médicos y a la Congregación de Hermanas Franciscanas del Espíritu Santo en reclamación de cantidad por daños y perjuicios. La Sentencia del juzgado de Primera Instancia desestimó la demanda y absolvió a los demandados.

 

Los actores interpusieron recurso de apelación, que fue estimado parcialmente por la Sala, la cual condenó solamente al Médico Cirujano a pagar a los demandantes la cantidad de quince millones de pesetas, absolviendo al resto de los demandados de los pedimentos deducidos en su contra.

 

Los actores reclamaron una indemnización de cuarenta millones de pesetas, como consecuencia de que la intervención de estiramiento de piel de la cara practicada a su padre derivó en su fallecimiento. El ejercicio de la acción fue de culpa extracontractual, fundándose en una serie de negligencias médico-profesionales realizadas por los Médicos intervinientes.

 

La Sentencia de Instancia admitió una falta de coordinación entre el Cirujano Estético, el anestesista y el intensivista, contra la lex artis -a la que anteriormente me he referido-, pero entendió que no hubo nexo causal -relación de causalidad- entre la conducta del agente y el daño producido, ya que, aunque se hubieran practicado todas las medidas terapéuticas adecuadas, no se hubiera acreditado si el resultado fatal producido se hubiera, efectivamente, logrado evitar.

 

Esta Sentencia se detiene en un aspecto que ha sido comentado supra. En efecto; el aspecto esencial de la lex anis, que viene referida a la concreción de cada acto médico, afirmando que «aspectos que adquieren indudable relieve en la especialidad médica de la cirugía estética, en la que incluso prestigiosos autores concluyen que en este tipo de cirugía el médico asume una obligación de resultado y responde en todo caso si no logra el objetivo o bien incurre en una culpa in contrahendo por emprender una operación cuyo resultado puede no ser satisfactorio, sin una necesidad perentoria en razón a la salud del paciente y si además de esto se produce un daño adicional, la responsabilidad del médico será mayor, pues aparte de la culpa in contrahendo existe un incumplimiento de la lex artis, una culpa médica propiamente dicha».

 

Ello me lleva a detenerme en la relación de causalidad entre el acto médico del Cirujano Estético y la producción de un resultado dañoso para el paciente.

 

Éste es un punto crucial en la problemática que estoy examinando, pues esta causalidad se configura como trascendental a la hora de discernir la responsabilidad civil, aunque la doctrina de la causalidad es un concepto elaborado, fundamentalmente, por los penalistas, que parten del principio de que «quien es causa de la causa es causa del mal causado». Pero, naturalmente, si el hecho dañoso es ajeno a su voluntad o, simplemente, si los daños posibles estaban fuera del alcance de su previsión, desaparece el nexo causal y la responsabilidad no llega a nacer. El artículo 1.104 de nuestro Código Civil expresa que «la culpa o negligencia del deudor consiste en la omisión de aquella diligencia que exija la naturaleza de la obligación y corresponda a las circunstancias de las personas, tiempo y lugar».

 

En el supuesto que estoy contemplando, fue evidente la omisión del Cirujano Estético, al no informar al anestesista ni al intensivista de las características específicas y antecedentes del paciente, así como de las posibles complicaciones postoperatorias, complicaciones que eran previsibles en el caso del fallecido.

 

Hay que poner en relación el precepto citado del Código Civil -el 1.104 - con el 1.105 del mismo corpus legal, que determina que «fuera de los casos expresamente mencionados en la ley, y de los que así se declare en la obligación, nadie responderá de aquellos sucesos que no hubieran podido preverse o que, previstos, fueran inevitables».

 

En el supuesto que comento, es evidente que los problemas alérgicos y edematosos que, con anterioridad, el paciente había padecido encajan perfectamente en un suceso que hubo de ser previsto por el Cirujano Estético que le intervino quirurgicamente. No hay, por tanto, caso fortuito, ni fuerza mayor. El Cirujano Estético omitió la diligencia exigible según las circunstancias del paciente, así como la propia diligencia derivada de la especialización de conocimientos, presidida por lo que técnicamente se conoce como lex artis.

 

Tal como la propia Sentencia citada expresa, «el médico intensivista no tuvo un conocimiento adecuado de los datos precisos para solventar una situación crítica gire había de decidir en escasos minutos sin que pudiera negarse a atender al paciente...»

 

La falta de información de los antecedentes, tanto personales como quirúrgicos, del paciente, falta de información que es imputable al Cirujano Estético, y lo es con respecto al anestesista y al intensivista que le atendió, se configura, en esta supuesto, como factor esencial a la hora de delimitar la responsabilidad de aquél. Ello posibilitó que, por desgracia, el conjunto de actuaciones sobre el paciente se desarrollase de manera inapropiada. Los codemandados fueron absueltos. La indemnización se fijó en quince millones de pesetas.

 

Por último, sería conveniente hacer una alusión -muy breve- al problema del intrusismo que sufren, en nuestro país, los Cirujanos Estéticos.

 

Es conocido que, en la actualidad, con el paro existente, muchos Licenciados en Medicina y Cirugía practican ciertas técnicas de cirugia menor, con los consiguientes riesgos de impericia, al ser desconocedores de la técnica o mal conocedores de la misma. En el ámbito de la Cirugía Estética, este hecho es muy frecuente, porque, nos guste o no, la estética se ha convertido en una moda y muchas personas acuden para intentar mejorar su aspecto físico.

 

Es oportuno hacer un llamamiento en este sentido, porque los Cirujanos Estéticos son, hoy en día, los únicos competentes -especializados- para realizar ciertas intervenciones de riesgo.

 

1    GARCIA BLÁZQUEZ, Manuel y MOLINAS COBO, Juan J., Manual práctico de responsabilidad y defensa de la profesión médica (Aspectos jurídicos y médico-forenses), Granada, 1995.

 

2    FERNÁNDEZ MARTIN-TRIGO, «¿Responsabilidad objetiva u obligación legal de indemnizar?», en Anuario de Derecho civil, Madrid, 1965.

 

3 ROMERO COLOMA, Aurelia María, «Problemática de la responsabilidad extracontractual», en la revista Tapia, Madrid, octubre de 1989.

 

4    MARAÑÓN, Gregorio, El médico y la razón de Estado, Madrid, 1953; La medicina de nuestro tiempo, Madrid, 1953.

 

5    RAMÍREZ, José Antonio, «La cirugía estética y el Derecho», en Revista Jurídica de Cataluña, mayo-junio, 1960.

 

6 MARTÍNEZ-PEREDA RODRIGUEZ, José Manuel, La cirugía estética y su responsabilidad, Granada, 1997.

 

7    GARCIA BLÁZQUEZ, Manuel y MOLINAS CORO, Juan J., Obra citada en nota 1.

 

8 INTRONA, F., La responsabilità professionale nell exercizio dell arte sanitario, Padova, 1955.

 

9    GITRAMA GONZÁLEZ, M., «En la convergencia de dos humanismos: Medicina y Derecho (sobre el contrato de servicios médicos)», en Anuario de Derecho civil, Madrid, 1977.

 

10  LORENZETTI, R.L., Responsabilidad civil de los médicos, Santa Fe, República Argentina,

1986.

 

11  FERNÁNDEZ HIERRO, J.M., Responsabilidad civil médico-sanitaria, Pamplona, 1983.

 

12  ROMERO COLOMA, Aurelia María, «La relación médico-paciente desde el Derecho español (deber de información y consentimiento)», en Revista de responsabilidad civil, Circulación y seguro, Madrid, diciembre de 1996.

 

13 Ídem, «Reflexiones en torno a la responsabilidad civil de los médicos», en Revista Actualidad y Derecho, Madrid, número 41, noviembre de 1994.

 

14  TEJEDOR MUÑOZ, Lourdes, «Responsabilidad médica. Cirugía estética: arrendamiento de obra o de servicios constituye un deber profesional del cirujano poner los medios necesarios para tratar de solventar las posibles complicaciones del postoperatorio» , en Revista crítica de Derecho inmobiliario, mayo-junio de 1988.

 

15  LLAMAS POMBO, E., La responsabilidad civil del médico. Aspectos tradiciones y modernos, Madrid, 1988.